Por / Gabriel Acevedo
En Oaxaca, mientras se venden aplausos con Rubén Blades 🎷 y se reparten banquetes 🍷🍽️ entre diplomáticos 🌍, el Hospital Civil se hunde, literalmente, en mierda 💩. Médicos y enfermeras 🧑⚕️👩⚕️ brincan entre aguas negras 💦, sin insumos 🚫, sin comida 🍽️, sin condiciones mínimas. El comedor está cerrado 🔒 y las urgencias apestan a deshumanización 🤢.
La Guelaguetza, esa “fiesta del pueblo” 🎉, se volvió desfile de privilegios: Lila Downs 🎤, Siddhartha 🎸, banquetes 🍾, hoteles de lujo 🏨 y millones en maquillaje turístico 💸. ¿Y el pueblo? Revolcado entre baches 🕳️, camiones obsoletos 🚌 y banquetas rotas 🧱, mientras Salomón Jara anuncia un teleférico 🚡 para volar… por encima de la ruina.
A ras de tierra 🌍, la violencia no da tregua 🔫: autobuses asaltados 🚌💥, balaceras en Putla 💣, líderes indígenas asesinados ⚰️. La alcaldesa de San Mateo Piñas fue ejecutada en su oficina 🏛️ y el Congreso, en vez de justicia ⚖️, desaparece el Ayuntamiento 🧻. ¿Solución? Barrer debajo de la alfombra ensangrentada 🩸.
Diana Luz 💪 denunció al diputado Samuel Gurrión como acosador 🐷. Y no es sorpresa: Oaxaca está lleno de políticos que creen que el poder 🪑 les da permiso para humillar, usar y desechar 👎. Mientras las mujeres luchan ✊ por romper el pacto, el gobierno calla 🤐 y solapa 🧥.
Y sí, cayó una ficha del “Cártel del Despojo” 🧾🏚️: Jorge Zárate Medina, exdirector catastral, fue sentenciado ⚖️. Pero no nos engañemos: la red sigue viva 🕸️, cobijada por los que hoy fingen transformarlo todo 🎭.
En Oaxaca, lo que se transforma no es la justicia ni la salud 🏥. Es el cinismo del poder 🧠💀.
¡El tiempo dirá!










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