Después “D”… cuando el calor no es el problema… es el gobierno

Por Gabriel Acevedo

En Oaxaca el termómetro ya rebasó los 40 grados. Pero el verdadero calor no está en el clima, está en la incapacidad.

Mientras la población se deshidrata, el gobierno estatal vuelve a hacer lo que mejor sabe: reaccionar tarde y mal. No hay estrategia preventiva, no hay campañas efectivas, no hay presencia real en territorio. Solo comunicados tibios para una crisis que quema.

Y como si el clima no fuera suficiente, la tierra se movió.

Un sismo de 5.6 con epicentro en la costa volvió a recordar lo evidente: Oaxaca vive sobre riesgo permanente. Pero lo verdaderamente grave no fue el temblor.

Fue el silencio.

El sistema de alertas en celulares —ese que debía salvar segundos vitales— simplemente no funcionó. ¿La explicación oficial? “Estaba en mantenimiento”.

En un estado sísmico, eso no es un error técnico.

Es negligencia.

Porque aquí no hablamos de una app cualquiera. Hablamos de vidas. De segundos que separan la reacción del desastre. De un gobierno que presume protocolos… pero falla cuando se le necesita.

Y ahora, en un giro casi irónico, anuncian un simulacro nacional.

Como si simular eficiencia fuera suficiente para ocultar la realidad.

La pregunta es inevitable:

¿De qué sirve un simulacro cuando el sistema real no responde?

Oaxaca enfrenta hoy una combinación peligrosa: clima extremo, infraestructura débil, y autoridades rebasadas.

Pero el problema de fondo no es nuevo. Es estructural. Es un gobierno que comunica más de lo que resuelve. Que aparece más en boletines que en resultados.

Hoy no se trata del calor.

Ni siquiera del sismo.

Se trata de algo más grave:

la normalización de la incompetencia.

Y eso, a diferencia del clima, no es temporal.

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