En un país donde la figura de Benito Juárez representa justicia, legalidad y lucha por la soberanía, resulta vergonzoso que ni la presidenta ni el gobernador de Oaxaca hayan sabido honrar su legado con un mensaje claro, firme y digno.
Lo que se esperaba era una postura contundente, un llamado a la congruencia política, a la defensa del Estado laico y a la justicia social. Pero lo que vimos fue silencio disfrazado de protocolo, palabras vacías y actos oficiales carentes de contenido real.
Juárez no fue un político tibio, fue un estadista. Hoy, en su tierra, el discurso fue débil, sin rumbo y sin conexión con la realidad que vive México. ¿Cómo se atreven a invocar su nombre sin comprometerse con su causa?
Una oportunidad histórica desperdiciada por quienes hoy ocupan el poder y no logran ni siquiera parecerse a la sombra del Benemérito.
Gabriel Acevedo









Deja una respuesta