Columna 🟥 Después “D”….México: la simulación como forma de gobierno

Por Gabriel Acevedo

En México no gobiernan… administran el desastre.

Las desapariciones ya no son una crisis: son un sistema. Miles de personas borradas y un Estado que responde con discursos vacíos, cifras maquilladas y una estrategia que no busca encontrar a nadie, sino aguantar el escándalo hasta que la indignación se apague. Aquí no hay incapacidad, hay comodidad. Porque mientras no pase nada… todo sigue funcionando para ellos.

El poder en México se volvió experto en simular. Simulan que investigan, simulan que gobiernan, simulan que controlan. Y mientras tanto, el país real —el de la gente— se hunde en miedo, hartazgo y abandono.

Pero eso sí, para la foto internacional todo debe lucir perfecto.

Un Mundial en puerta y ciudades que no pueden garantizar ni agua limpia. Brotes de enfermedades que exhiben el abandono de lo básico. Protestas que incomodan más que la propia crisis. México listo para recibir al mundo… pero incapaz de responderle a su propia gente.

¿Y la soberanía? Bien, gracias.

Mientras del otro lado de la frontera destruyen patrimonio histórico como si fuera basura, aquí el silencio es la respuesta. Porque hay gobiernos que prefieren no incomodar a potencias… aunque eso implique tragarse la dignidad.

Y entonces viene el distractor perfecto: el peso fuerte.

El discurso económico como cortina de humo. Como si el tipo de cambio pudiera tapar la sangre, la impunidad y el vacío de autoridad. Como si una moneda estable significara un país estable. No lo es.

México no está bien. México está contenido.

Contenido por el miedo.
Por la costumbre.
Por una clase política que entendió que el verdadero negocio no es resolver… sino resistir.

Y mientras el país se acostumbra a perderlo todo —seguridad, justicia, verdad— el poder se acostumbra a no pagar nada.

Aquí no hay crisis que derrumbe gobiernos.
Aquí hay crisis que los fortalecen.

Porque en México, la tragedia dejó de ser error…
y se convirtió en modelo.

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