Mientras la inseguridad, pobreza y desempleo siguen rompiendo otros récords más trágicos
Oaxaca, tierra de magia, tradición… y prioridades cuestionables. Este fin de semana, el estado volvió a brillar en el mapa mundial al alcanzar lo que sin duda es el pináculo del desarrollo humano: una línea de 1,200 tlayudas que, extendidas cual alfombra mágica, alcanzaron los gloriosos 350 metros de longitud. ¡Un verdadero avance para la humanidad!
En el Parque Primavera Oaxaqueña Cho Ndobá (nombre igual de grandilocuente que el evento), 120 mujeres —porque claro, ¿qué mejor que maquillar los problemas con discursos de “empoderamiento”?— prepararon las tortillas para este monumento a la distracción pública, mientras los funcionarios estatales aplaudían con entusiasmo y se daban baños de pueblo.
El gobernador Salomón Jara Cruz, entre aromas y discursos reciclados, aprovechó el momento para declarar:
«La cocina oaxaqueña es sinónimo de identidad, historia y futuro…»
Porque claro, si hay algo que resuelve la crisis educativa, el colapso hospitalario o los caminos sin pavimentar, es una tortilla bien colocada en fila.
El secretario de Desarrollo Económico, Raúl Ruiz Robles, también se subió al tren del maíz, asegurando que la tlayuda es “motor de desarrollo económico”. Una afirmación tan digerible como una tlayuda con tasajo seco.
Todo esto formó parte de la Expo Feria “Del Comal para el Mundo”, una especie de Disneylandia del maíz que estará activa hasta el 13 de julio. Porque, ¿quién necesita hospitales funcionando o empleos dignos cuando puedes tomarte una selfie con 350 metros de comida?
No podían faltar, por supuesto, las actividades “familiares”, la venta de productos “artesanales” y las obligatorias menciones al “patrimonio inmaterial de la humanidad”, ese término que ya funciona como curita para cualquier herida social que se niegan a ver.
Y así, Oaxaca vuelve a triunfar… aunque sea en tortillas.
EL DATO
El pueblo no tiene hospitales dignos, ni carreteras seguras, ni justicia social… pero ¡tenemos récord Guinness de tlayudas! Así, con 1,200 tortillas en fila, el Gobierno de Oaxaca intenta convencernos de que el estado progresa, mientras la realidad grita otra cosa: abandono, inseguridad y simulación institucional.
Desde el Parque Primavera Oaxaqueña Cho Ndobá (nombre inventado para dar apariencia de identidad), 120 mujeres fueron puestas a preparar tlayudas como parte del circo oficial, mientras el gobernador Salomón Jara Cruz lanzaba frases vacías sobre “identidad culinaria”, “patrimonio cultural” y “riqueza ancestral”… todo menos soluciones reales.
“La tlayuda es símbolo vivo de los saberes y sabores de nuestra tierra” —dijo, mientras evitaba hablar de la violencia en la Sierra Sur, la falta de medicamentos en hospitales rurales y los miles de jóvenes que cada año migran porque aquí no hay futuro.
Por su parte, Raúl Ruiz Robles, titular de la Secretaría de Desarrollo Económico, juró que una fila de tortillas puede “impulsar el bienestar y el empleo”. Al parecer, el nuevo modelo económico del gobierno es que cada oaxaqueño amase su propio destino, literalmente.
La “hazaña histórica” fue parte de la feria “Del Comal para el Mundo”, otra cortina de humo financiada con dinero público para distraer al pueblo, endulzarlo con maíz y que olvide que el verdadero récord de Oaxaca es:
- Primer lugar en municipios con pobreza extrema
- Uno de los estados con mayor desnutrición infantil
- Líder en conflictos agrarios sin resolver
- Récords en feminicidios y desapariciones forzadas
- Décadas de saqueo disfrazado de “rescate cultural”
Pero no importa, porque Guinness ya lo validó: tenemos la línea de tlayudas más larga del mundo. Que tiemblen Japón, Alemania y Corea del Sur, porque Oaxaca ya encontró la fórmula mágica: tortillas en fila como política pública.
¿Salud? ¿Educación? ¿Infraestructura? No, gracias. Aquí celebramos la tortilla.
GABRIEL ACEVEDO
