Un sillón prestado, un cuarto rentado o el rincón de la casa paterna: ésta es la cruda realidad habitacional del 94.7% de los policías municipales en México, revela el estudio Policía Desprotegida de México Evalúa.
Mientras arriesgan sus vidas por salarios que no superan los 16 mil pesos mensuales, la falta de apoyo para vivienda los empuja a una encrucijada mortal: 132 policías asesinados en 2025 (uno por día), muchos en zonas narco donde viven por necesidad.
«Si un cártel me ofrece casa para mis hijas, me voy con ellos», confiesa Ramón Martínez, veterano de 21 años que duerme en la sala de su hermano.
Esta precariedad no solo los humilla; los convierte en blancos fáciles para la corrupción. ¿Cómo proteger ciudades si quienes las custodian no tienen dónde vivir con seguridad?
Mientras los mandos superiores disfrutan «casotas», la base policial sobrevive entre deudas y la tentación del crimen.
Redacción.










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