Gabriel Acevedo
Las fuertes lluvias registradas en Oaxaca volvieron a dejar en evidencia la fragilidad de la infraestructura urbana y la falta de prevención en distintas regiones del estado. Calles inundadas, alcantarillas colapsadas y vialidades prácticamente intransitables marcaron una jornada complicada para miles de ciudadanos que tuvieron que enfrentar tráfico, cortes de energía y afectaciones en sus actividades diarias. En varios puntos, el agua terminó convirtiendo avenidas en auténticos ríos.
Las tormentas eléctricas también generaron preocupación entre habitantes de la capital y municipios cercanos, donde las precipitaciones intensas provocaron caída de árboles, encharcamientos severos y daños menores en viviendas y comercios. La situación volvió a encender críticas contra las autoridades municipales y estatales, señaladas por la falta de mantenimiento en drenajes y por responder únicamente cuando las afectaciones ya se encuentran fuera de control.
Mientras continúan los pronósticos de más lluvias para las próximas horas, crece la preocupación de familias que cada temporada enfrentan el mismo escenario de abandono y riesgo. Oaxaca vuelve a demostrar que no solo batalla contra fenómenos naturales, sino también contra años de improvisación, obras inconclusas y una infraestructura incapaz de soportar las primeras tormentas fuertes del año.









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