Oaxaca tiñe de sangre las fiestas patrias: gobierno celebra, mientras la violencia devora al pueblo

Por / Gabriel Acevedo

Oaxaca arde mientras sus gobernantes festejan. Este lunes, en vísperas de las celebraciones patrias, la violencia volvió a sacudir con brutalidad al estado, dejando una estela de sangre, miedo y dolor.

En Cuilápam de Guerrero, un hombre fue encontrado sin vida a un costado de su motocicleta, con un disparo directo en el rostro. Un asesinato a sangre fría que refleja la descomposición que carcome a los municipios oaxaqueños.

Horas antes, en Tehuantepec, una familia fue emboscada frente a un hotel. Un hombre, una mujer y un recién nacido fueron atacados a balazos; el padre lucha por su vida. La violencia en el Istmo se ha convertido en el pan de cada día, y los ataques armados ocurren a plena luz del día sin detenidos, sin justicia, sin Estado.

En la Sierra Sur, comunidades de Santiago Amoltepec y Santa María Zaniza vivieron otra jornada de terror con un enfrentamiento armado que dejó muertos, heridos y desaparecidos. Un helicóptero tuvo que intervenir para rescatar a un herido de bala, mientras otro poblador perdía la vida. La violencia comunal sigue desbordada y el gobierno permanece mudo.

La sangre también corrió en Tlaxiaco, donde fue hallado el cuerpo de un hombre dentro de una vivienda en la comunidad de Yosonduva Cuquila. Se trataba de un mecánico originario de Santo Tomás Ocotepec.

En Salina Cruz, a escasos metros del Palacio Municipal, un asalto violento a una sucursal de Bancomer dejó a los habitantes en shock. Tres sujetos armados sometieron a empleados y clientes, con reportes de personas lesionadas.

Y en Juchitán de Zaragoza, un comando de al menos quince hombres armados saqueó una casa de empeño en el centro de la ciudad. No fue un robo improvisado: logística, vehículos, coordinación y ausencia total de las fuerzas de seguridad. El botín: medio millón de pesos en efectivo y artículos de valor.

Un gobierno sordo, ciego y cómplice por omisión

Mientras Oaxaca se desangra, el gobernador Salomón Jara se dedica a actos públicos y a celebrar la liberación de presos, ignorando —o peor aún, despreciando— el dolor de miles de familias que sufren la ola criminal. Hoy en Oaxaca no se celebra independencia, se celebra la sangre derramada por la negligencia gubernamental.

El silencio se ha vuelto norma. El secretario de Gobierno, Jesús Romero, no ha emitido ni una sola declaración sobre los hechos violentos ocurridos este día. La omisión y la indolencia son la política oficial de un gobierno morenista que presume justicia social, pero que deja a la gente a merced del crimen.

En este septiembre patrio, Oaxaca no grita libertad, grita auxilio.

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