Este lunes, durante su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo puso las manos al fuego por su operador político y amigo cercano, Adán Augusto López Hernández, al ser cuestionada por el escándalo que ya revienta en Tabasco tras la orden de aprehensión contra el exsecretario de Seguridad, Hernán Bermúdez Requena, pieza clave durante la gestión de López Hernández en la gubernatura.
Con tono firme, Sheinbaum rechazó el “linchamiento mediático” contra el senador morenista, y lanzó un mensaje claro: “Tiene que haber pruebas”, minimizando así los señalamientos que vinculan al círculo de Adán Augusto con presuntos hechos de corrupción y vínculos criminales.
La mandataria admitió que Bermúdez Requena es investigado por la Fiscalía General de la República (FGR), pero intentó desmarcar a su aliado político con un burdo comparativo: “No es como lo de García Luna, eso fue en Estados Unidos”, como si eso limpiara la gravedad del caso.
A pesar del discurso de “no encubrir a nadie”, Sheinbaum cerró filas con su gente, dejando en claro que mientras no haya pruebas, no piensa soltar a uno de los suyos. Incluso recalcó que Adán Augusto ya se ofreció a declarar si la autoridad lo requiere, pero en los hechos, no hay avances visibles contra los verdaderos responsables del desastre en Tabasco.
La presidenta intenta vender la idea de una justicia que actúa «sin cubrir a nadie», pero los hechos y su narrativa dejan claro que en Palacio Nacional se protege a los aliados y se reprime a los incómodos. Para Morena, el combate a la corrupción es selectivo y condicionado… según convenga.
Gabriel Acevedo









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