Por / Gabriel Acevedo
*La ciudad comienza a transformarse
Desde este jueves, la Central de Abastos se llena de vida, color y tradición con la llegada de comerciantes de distintas regiones del estado, quienes ya ofrecen los emblemáticos ramos que marcarán el Domingo de Ramos.
Entre montones de palma fresca, flores aromáticas y figuras tejidas a mano, el corazón comercial de la Verde Antequera late distinto: no es un día cualquiera, es el inicio de una de las tradiciones más profundas de la fe católica en México.
Los ramos —elaborados con palma, manzanilla, bugambilia y otras flores— no solo son un producto, son símbolo. Representan la entrada de Jesucristo a Jerusalén, cuando fue recibido con palmas, un gesto que hoy se revive en cada iglesia y en cada familia oaxaqueña.
Pero en Oaxaca, esta tradición va más allá. Aquí, los ramos se convierten en arte: manos artesanas les dan forma de cruces, corazones y figuras religiosas, fusionando la devoción con la identidad cultural de los pueblos.
Cada año, miles de personas acuden a comprarlos para llevarlos a bendecir. Después, esos mismos ramos se colocan en puertas y altares como protección espiritual, permaneciendo en los hogares hasta cerrar el ciclo religioso, cuando sus cenizas regresan al ritual del Miércoles de Ceniza.
La escena en la Central de Abastos no es menor: es economía viva, es sustento para decenas de familias, pero también es el anuncio de que la Semana Santa ya está aquí.
Entre el bullicio, el verde intenso de las palmas y el ir y venir de compradores, Oaxaca reafirma algo que no cambia con el tiempo:
las tradiciones no solo se conservan… se viven.
