Después D… Jueces bajo la lupa

El pasado 7 de marzo se conmemoró en México el Día de la Persona Juzgadora. Una fecha que recuerda la instalación del primer tribunal de justicia del México insurgente en 1815, impulsado por José María Morelos y Pavón en Ario de Rosales. Aquella idea nacía con un principio claro: que incluso en tiempos de guerra debía existir una autoridad capaz de aplicar la ley por encima de los intereses y las pasiones.

Más de dos siglos después, la realidad mexicana parece haber colocado a la justicia en un terreno mucho más incómodo.

Hoy las y los jueces del país viven bajo una presión constante. Desde el poder político se cuestionan sus decisiones; desde la sociedad se les mira con desconfianza; y desde dentro del propio sistema judicial tampoco faltan historias de privilegios, burocracia y resoluciones que parecen alejadas del sentido común.

El problema es que la justicia mexicana se ha convertido en un campo de batalla político.

Cada sentencia polémica se vuelve un arma discursiva. Cada resolución incómoda desata acusaciones de corrupción o de sometimiento. Y en medio de esa tormenta mediática, la figura del juez termina atrapada entre dos fuegos: el poder que exige decisiones a su favor y la opinión pública que exige castigos inmediatos.

Pero la justicia no puede funcionar bajo la lógica del aplauso o del linchamiento digital.

El verdadero riesgo no es que los jueces sean criticados —eso es parte natural de una democracia— sino que el sistema entero pierda credibilidad. Porque cuando la ciudadanía deja de creer en los tribunales, el siguiente paso suele ser más peligroso: sustituir la ley por la fuerza, la presión o la venganza social.

Y México, lamentablemente, ya conoce ese terreno.

El país necesita jueces más transparentes, sí. Pero también necesita una discusión seria sobre la justicia, lejos del espectáculo político. Porque atacar indiscriminadamente al sistema judicial puede resultar popular en el corto plazo, pero a la larga debilita uno de los pocos contrapesos reales frente al poder.

Aquel tribunal insurgente que imaginó Morelos no nació para agradar a los gobiernos ni para tranquilizar a las masas. Nació para defender la idea más incómoda de todas: que la justicia debe ser independiente.

Hoy, doscientos años después, esa sigue siendo la prueba más difícil.

✍️ Gabo | Hendirecto dejo video de Moises Molina

#Hendirecto #LaXEnLaFrente #Opinión #Justicia #México #PoderJudicial

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *