Oaxaca, Oax.— La sucursal Chevrolet en Oaxaca está en el ojo del huracán tras destaparse un presunto fraude masivo que ha dejado a más de 30 clientes sin vehículo, sin dinero y con promesas rotas. Decenas de personas confiaron en la marca, entregaron sus autos a cuenta para adquirir nuevas unidades… pero la empresa jamás cumplió con su parte del trato.
Los testimonios coinciden: los clientes entregaron sus vehículos directamente en la agencia ubicada sobre Periférico, confiando en el exgerente Donato Daniel C. F., quien, según ellos, era el responsable de gestionar los cambios y recibir los autos usados como parte del pago. Sin embargo, tras semanas —y en algunos casos, meses— de silencio y evasivas, nunca recibieron las nuevas unidades.
Para colmo, Chevrolet Oaxaca ahora dice no saber nada. En una maniobra que los afectados califican de “cínica e inhumana”, la empresa ha declarado que desconoce los acuerdos realizados por el exgerente, como si no hubiera ocurrido nada dentro de sus propias instalaciones. ¡Como si los autos usados se los hubiera tragado la tierra!
“¿Cómo es posible que el gerente reciba autos dentro de la misma agencia y ahora digan que no tienen nada que ver?”, cuestiona indignada una de las víctimas. “Esto no es un engaño entre particulares, esto ocurrió dentro de una empresa formal, bajo su techo y con su personal.”
Los afectados ya presentaron denuncias penales ante la Fiscalía General del Estado, acusando a Donato Daniel C. F. de fraude y abuso de confianza. No obstante, lo que más irrita es la postura de Chevrolet Oaxaca, que en lugar de asumir responsabilidades y dar la cara, pretende deslindarse por completo y lavarse las manos como si nada hubiese pasado.
Un silencio cómplice
La concesionaria ha guardado un silencio sospechoso. No ha emitido un comunicado oficial, ni ha mostrado disposición para atender a las víctimas. Mientras tanto, los afectados han comenzado a organizarse y a difundir sus casos en redes sociales bajo el hashtag #FraudeChevroletOaxaca, exigiendo justicia, atención mediática y la intervención de instancias federales.
“Esto ya no es un problema con un empleado. Esto es un problema de marca, de una empresa que permite que se juegue con el patrimonio de las personas y luego simplemente dice ‘yo no fui’”, declaró otro de los estafados.
La indignación crece
Concesionarias como Chevrolet están obligadas a garantizar seguridad y transparencia en sus operaciones, pero en Oaxaca parece que esto no aplica. ¿Cuántos otros fraudes como este están siendo ignorados? ¿Cuántas otras familias han perdido su vehículo, su dinero y su confianza en una marca que presume ser “confiable”?
Los afectados exigen que General Motors México y las autoridades federales tomen cartas en el asunto. La supuesta complicidad, omisión y negligencia de Chevrolet Oaxaca no puede quedar impune.
¡No se trata de un “mal entendido”! Se trata de un fraude sistemático, realizado en instalaciones oficiales, con personal autorizado y bajo el nombre de una marca internacional!
Las víctimas han dejado claro que no se van a quedar calladas, y anuncian que emprenderán acciones colectivas, protestas y demandas hasta que Chevrolet les responda como corresponde.
¿Cuántos vehículos más se necesitan robar para que Chevrolet reaccione? ¿Hasta cuándo se permitirá que una empresa internacional se lave las manos mientras sus clientes quedan en la ruina?
Esta historia apenas comienza.
Gabriel Acevedo










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