Por / Gabriel Acevedo
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Este 28 de agosto, en las calles del Centro Histórico de Oaxaca de Juárez, se celebra el Día Nacional del Adulto Mayor, fecha en la que se reconoce a quienes representan la experiencia, sabiduría y cariño, pilares fundamentales de miles de familias en México. Sin embargo, más allá de las flores, los abrazos y las ceremonias oficiales, la realidad de los adultos mayores en Oaxaca y en todo el país sigue marcada por el abandono, la precariedad y la indiferencia gubernamental.
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, en Oaxaca de Juárez, el 14.6% de la población corresponde a adultos mayores, es decir, 39,458 personas de un total de 270,955 habitantes. A nivel nacional, la cifra no es menor: el Instituto reportó que más de 15 millones de personas en México tienen 60 años o más, lo que representa alrededor del 12% de la población total.
Detrás de los discursos oficiales, la vida diaria de este sector enfrenta realidades duras:
- La mayoría sobrevive con pensiones mínimas que apenas superan los 4 mil pesos bimestrales del programa federal.
- Miles carecen de acceso efectivo a servicios de salud, y quienes logran ser atendidos se enfrentan a la saturación del IMSS y del ISSSTE.
- La violencia y los fraudes financieros se suman a su vulnerabilidad: solo en el primer semestre del 2025, se denunciaron más de 500 millones de pesos robados a adultos mayores mediante estafas telefónicas y redes sociales.
En Oaxaca, donde la tradición y el respeto a los mayores deberían ser un baluarte, la realidad es otra. Abuelos abandonados en hospitales, en albergues improvisados o incluso en las calles, son escenas cada vez más frecuentes.
Hoy se aplaude a los adultos mayores, se les reconoce como guardianes de la historia familiar y comunitaria, pero lo cierto es que viven en un país que no garantiza seguridad social ni protección efectiva. La contradicción es brutal: mientras los gobiernos presumen programas sociales, los abuelos siguen desamparados, víctimas de un sistema que los utiliza como voto cautivo en elecciones, pero los abandona en su día a día.
El Día del Abuelo debería ser algo más que una efeméride. Debería ser un recordatorio urgente de que la dignidad no se celebra con discursos, sino con justicia social.


