Por: Mario Juan Rosón
En el Istmo de Tehuantepec, la corrupción y el crimen organizado extienden sus sombras de forma colosal. Se ha señalado a uno de los hermanos del gobernador Salomón Jara por sus supuestas conexiones con los hermanos Villaseca, antiguos líderes del Sindicato Libertad, quienes actualmente enfrentan órdenes de aprehensión por varios delitos. Aunque estos vínculos aún no han sido confirmados, indican la existencia de una red de influencia que opera en favor de intereses oscuros en Oaxaca.
Mientras tanto, la hija de Juan Díaz Parada, implicada en actividades delictivas vinculadas al narcotráfico, añade más leña al fuego de las sospechas. Su participación en el Sindicato Libertad, junto con sus relaciones familiares, muestra que la protección de ciertos elementos delincuenciales viene de los altos niveles del poder, resguardada por una maquinaria política que elige callar ante las irregularidades.
En este escenario, las denuncias sobre Emilio Montero Pérez, director del IEEPO, y su supuesta relación con el letal «Comandante Cromo» avivan aún más la indignación del pueblo. Que Montero continúe en el cargo a pesar de tantos señalamientos genera serias preguntas sobre la complicidad de las autoridades estatales y federales. ¿Podría tratarse de que su amparo forma parte de una estrategia para dominar las lucrativas obras del tren interoceánico y garantizar enormes ganancias?
Al mismo tiempo, el gobernador, Salomón Jara Cruz enfrenta un creciente costo político, mientras las críticas no cesan debido a su aparente inacción para combatir estas estructuras corruptas. Pero el poder en Oaxaca no reposa únicamente en él; la red de influencia se refuerza con otros actores clave, como uno de los hermanos Jara, Noé, junto con Amador Jara, figuras fundamentales en un sistema que parece empeñado en mantener su dominio en cada nivel del poder.
La inminente sucesión gubernamental añade una capa extra de complejidad. Según han trascendido, el próximo gobernador sería el senador Antonino «Nino» Morales, producto de un acuerdo antiguo. Sin embargo, la reforma que establece una gestión de solo dos años, para sincronizar elecciones locales y federales, no favorecía a Morales. Frente a este dilema, emergieron estrategias populistas –como la importancia de la paridad de género– para forzar que el siguiente gobernador sea una mujer.
De ahí que varias figuras se pusieran en la ofensiva: Saymi Pineda, Susana Harp y la actual senadora de la República, Laura Estrada Mauro, se apresuraron a posicionarse. Los señalamientos que asocian a Saymi con la delincuencia organizada y la marcada oposición de Salomón Jara hacia Susana Harp, sobrina de Alfredo Harp Helú, han dejado a Laura Estrada Mauro prácticamente sin competencia. Su consolidación como favorita para la gubernatura se da en medio de un rudo juego de poder.
Cabe resaltar que el ascenso de Laura Estrada Mauro no fue fruto del azar. Según se ha trascendido, fue el mismo hermano del gobernador Salomón Jara el que impulsó su campaña para llevarla al Senado, posicionándola estratégicamente dentro del círculo más íntimo del poder en Oaxaca. Este respaldo, más que un simple apoyo, forma parte de una maniobra mayor destinada a perpetuar el control político y económico del estado.
La estrategia de este entramado es clara y despiadada: conservar en Oaxaca el poder en manos de unos pocos, valiéndose de alianzas cuidadosamente forjadas y tácticas de modernización que enmascaran intereses oscuros. La ciudadanía, cada vez más vigilante, exige transparencia y un compromiso real para combatir el crimen organizado, rechazando cualquier intento de disfrazar la corrupción detrás de discursos populistas y fórmulas de paridad que poco guardan relación con la realidad.











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