Por / Said Angulo
🩸 Este jueves el corazón de Oaxaca se tiñó de rojo. Un obrero, que solo buscaba cumplir su jornada para llevar comida a su familia, fue acuchillado y casi mutilado por defender su celular en inmediaciones del Jardín San Francisco.
La escena es digna de una película de terror urbano: cinco delincuentes —dos en moto y tres a pie— arrinconaron a su víctima en plena luz del día. Lo revisaron, lo golpearon, lo tiraron al suelo y, al ver que no tenía dinero, lo castigaron con la furia de los machetazos hasta dejarlo sangrando en la banqueta.
👉 Todo esto pasó a metros de ambulantes, transeúntes y comercios, bajo la mirada cómplice del silencio… y de una ciudad sin policías, sin vigilancia y sin gobierno.
El hombre, con los dedos casi cercenados, prefirió huir a su trabajo antes que recibir atención médica gratuita: en Oaxaca perder el empleo es más doloroso que una herida abierta. Esa es la tragedia social que este gobierno no quiere ver.
⚠️ La delincuencia gobierna donde el Estado desapareció. Ni Ray Chagoya en la capital, ni Salomón Jara en el estado, tienen control de nada. Oaxaca es tierra de asaltos, machetes y sangre en las calles.
Cada gota de sangre derramada es prueba del fracaso monumental de la estrategia de seguridad, un teatro vacío de promesas mientras la ciudad se hunde en miedo.
Hoy el centro histórico, patrimonio de la humanidad, se convirtió en un patrimonio del crimen.









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