C5i de Salomón Jara: un monumento al despilfarro y a la simulación

Por Gabriel Acevedo

Oaxaca, Oax. — Bajo el discurso de “fortalecer la seguridad”, el gobernador Salomón Jara Cruz inauguró la primera fase del Centro de Control, Comando, Comunicación, Coordinación e Inteligencia (C5i), una obra que más que certeza, ha generado dudas, sospechas y críticas por su millonario costo y por estar —según denuncias— inconclusa.

La presidenta estatal del PRI, Carmelita Ricárdez Vela, lanzó una dura crítica al proyecto al considerar que se trata de “una obra de relumbrón” que busca distraer a la ciudadanía en un momento en el que el gobernador enfrenta una inminente revocación de mandato.
“Es inconcebible inaugurar algo que no está terminado, y mucho menos cuando está en juego la seguridad del pueblo oaxaqueño”, sentenció la dirigente.

A su lado, el delegado del CEN del PRI, Heliodoro Díaz Escárraga, con experiencia en temas de seguridad pública, fue más allá: calificó el C5i como “una pantalla costosa y sin resultados”, señalando que el proyecto huele más a propaganda que a estrategia.

“El gasto no cuadra —dijo—. Es inaudito que el mantenimiento de un espacio que aún no opera cueste más que el equipo tecnológico que debería hacerlo funcionar. No se trata de cuidar el dinero público, sino de justificarlo”, acusó.

El exfuncionario también alertó sobre la opacidad en la selección del personal y los equipos utilizados:

“Nos preocupa que detrás del discurso de vigilancia haya una compra encubierta de equipos de espionaje. Queremos saber si los operadores fueron evaluados y si realmente existen controles de confianza.”

De acuerdo con datos oficiales, el C5i de Oaxaca tuvo una inversión de 398.4 millones de pesos en construcción, 93.9 millones en equipamiento tecnológico, 6.3 millones en mobiliario, 2.2 millones en capacitación, y un escandaloso monto de 275.5 millones de pesos en mantenimiento, aun cuando el complejo no ha iniciado operaciones completas.

Con esas cifras, el centro de seguridad más costoso del estado se ha convertido en un símbolo del despilfarro, la improvisación y la simulación política del actual gobierno.
Mientras la violencia y la inseguridad se extienden en las calles, el gobierno presume infraestructura que, en palabras de la oposición, “solo existe para la foto”.

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