Oaxaca, | Gabriel Acevedo – Fotos / Max – de agencia FOTOES
Con el corazón latiendo al ritmo de los tambores zapotecos y el alma conectada con las raíces más profundas de esta tierra, Oaxaca volvió a rendir tributo a una de sus figuras más sagradas y legendarias: Donají, la princesa que entregó su vida por amor a su pueblo.
El segundo domingo de la Guelaguetza, la Rotonda de las Azucenas fue nuevamente testigo del esplendor de una historia milenaria que sigue viva en la memoria colectiva de los oaxaqueños. Miles de personas se congregaron desde temprano para presenciar la puesta en escena que revive el sacrificio de esta noble mujer zapoteca, cuya sangre se convirtió en símbolo de valentía, resistencia y amor sin condiciones.
💔 Amor prohibido, guerra ancestral y un sacrificio eterno
La leyenda cuenta que Donají, hija de un rey zapoteca, cayó rendida ante el amor del príncipe mixteco Nucano, justo en tiempos donde la guerra entre ambas culturas era cruenta e inminente. Un amor que desafiaba las normas, las fronteras y la política tribal de la época.
Pero su destino estaba sellado: traicionada por el contexto bélico, Donají fue entregada al enemigo como prenda de paz… y ejecutada sin piedad. Su cuerpo fue enterrado a orillas del río Atoyac, y al tiempo, una majestuosa flor creció sobre su tumba, como símbolo de pureza y entrega.

🎭 Donají… la leyenda que cobra vida
Cada año, esta historia se convierte en arte, danza, música, fuego y emoción. Actores y actrices locales encarnan con fuerza y dignidad a los personajes que marcaron el corazón de Oaxaca, y lo hacen frente a miles de ojos que lloran, aplauden y gritan con orgullo: ¡Donají vive!
Este segundo domingo no fue la excepción: luces, pirotecnia, rituales y una coreografía magistral llevaron al público a través del tiempo, directo a esa época ancestral donde los valores del honor y la tierra eran sagrados.
🌀 Más que una leyenda, una identidad
Donají no es solo un personaje mítico. Es símbolo de la mujer oaxaqueña, fuerte, decidida, generosa. Es la sangre que corre por las venas de un pueblo que no olvida sus raíces. Su rostro, coronado con una flor, es emblema del alma zapoteca.
Al terminar la noche, entre aplausos, lágrimas y un cielo iluminado por fuegos artificiales, el eco fue uno solo:
✨ ¡Nos vemos el próximo año, Donají! Tu leyenda nunca muere.

