Salomón Jara: el gobernador de la simulación, el silencio y la corrupción

La ejecución de Juan Yavhé Luis Villaseca, líder de la Confederación Joven de México y figura emergente de la CATEM, no solo sacudió a la sociedad oaxaqueña, sino que desnudó, de forma brutal, la mentira en la que vive el gobierno de Salomón Jara Cruz. El crimen se cometió a plena luz, en el corazón de la capital oaxaqueña, apenas un día después de que el gobernador presumiera su fantasía de un «Oaxaca seguro». ¿Seguridad para quién? ¿Para los que forman parte de sus redes de complicidad?

Este asesinato no es un hecho aislado, es un golpe directo a la narrativa falsa de progreso que Jara ha intentado construir a fuerza de propaganda, distractores populistas y eventos inútiles. La ejecución del joven líder, con vínculos claros con intereses económicos y políticos del propio gobierno estatal, expone un sistema podrido donde la violencia se mezcla con la corrupción y el encubrimiento.

Salomón Jara no representa a la Cuarta Transformación; la traiciona. Ha pisoteado sus principios de honestidad, austeridad y justicia social. Hoy, su administración se ha convertido en una de las más cínicas y corruptas de la historia reciente de Oaxaca. Ha llenado el gobierno de familiares: hijos, hermanos, sobrinos y hasta los parientes de su esposa Irma Bolaños gozan de cargos, contratos y privilegios. El Estado se convirtió en su hacienda familiar.

Mientras los municipios claman por agua, servicios de salud y caminos, Jara recorre el estado con las manos vacías, prometiendo soluciones que nunca llegan, pero eso sí, con la vista puesta en cómo manipular las participaciones municipales a su favor. Su prioridad no es Oaxaca, es su bolsillo.

Pisoteando la honestidad, austeridad y justicia social de los oaxaqueños y mexicanos.

Frente al desastre, Jara optó por el viejo truco de la caja china. Primero, tlayudas gigantes que no eran más que montajes mediáticos —tlayudas normales colocadas como espectáculo— para desviar la atención. Después, bailes gratuitos con artistas famosos, dizque para «unir al pueblo», cuando en realidad son eventos donde el gobernador y su círculo más cercano también hacen negocio.

Todo eso no es más que humo, cortinas para ocultar el asesinato de Villaseca, y para esconder el hedor de un gobierno que se derrumba en la ineficiencia, el nepotismo y la violencia. Porque cuando un joven líder es ejecutado en la capital y el gobernador responde con bailes y récords de comida, el mensaje es claro: en Oaxaca, la vida vale menos que un show y la justicia menos que una tlayuda mal armada.

Salomón Jara ya no gobierna. Administra su impunidad y juega con la memoria de los muertos.

Gabriel Acevedo

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