*Mientras Boris y la CNTE acaparan los reflectores, la violencia sigue avanzando
Gabriel Acevedo
Oaxaca, Oax. Mientras la atención pública se concentra en los bloqueos magisteriales, la tormenta tropical Boris y las conferencias oficiales que buscan imponer una narrativa de normalidad, existe una realidad que continúa golpeando a miles de oaxaqueños: la seguridad sigue siendo la gran deuda del gobierno estatal.
Los conflictos en diversas regiones del estado han dejado de ser episodios aislados para convertirse en una constante. El Istmo de Tehuantepec enfrenta desde hace meses episodios de violencia que han generado preocupación entre empresarios, transportistas y ciudadanos. En la Cuenca, la Mixteca y la Sierra persisten conflictos agrarios, disputas territoriales y delitos que mantienen en alerta a comunidades enteras.
La pregunta es inevitable: ¿dónde está la estrategia?
El gobierno de Salomón Jara presume mesas de paz, reuniones de coordinación y despliegues institucionales. Sin embargo, los hechos muestran una realidad distinta. Cada semana surgen nuevos incidentes, nuevas denuncias y nuevas expresiones de inconformidad ciudadana ante la percepción de que la autoridad ha perdido capacidad de prevención y reacción.
La seguridad no se mide por boletines.
Se mide por resultados.
Y los resultados son los que hoy están bajo escrutinio.
La administración estatal ha logrado instalar un discurso político sólido entre sus simpatizantes, pero enfrenta crecientes dificultades para convencer a una ciudadanía que observa carreteras inseguras, regiones conflictivas y una sensación cada vez más extendida de incertidumbre.
El problema no radica únicamente en los delitos que se cometen. También está en la percepción social de que las instituciones reaccionan tarde, cuando los conflictos ya escalaron y la crisis ocupa titulares.
Mientras el gobierno concentra buena parte de sus esfuerzos en la confrontación política y la defensa mediática de sus decisiones, amplios sectores de la población esperan respuestas concretas sobre uno de los derechos más elementales: vivir seguros.
Boris pasará.
Los bloqueos eventualmente terminarán.
Las conferencias concluirán.
Pero la inseguridad seguirá ahí si no existe una estrategia efectiva que vaya más allá de los discursos.
Porque gobernar no es explicar por qué ocurren los problemas.
Gobernar es resolverlos.
Y en materia de seguridad, Oaxaca sigue esperando resultados.









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