Por Gabriel Acevedo
Oaxaca, Oax. Mientras Protección Civil mantiene la vigilancia por lluvias intensas, tormentas eléctricas, fuertes rachas de viento y riesgo de deslaves en diversas regiones del estado, miles de oaxaqueños enfrentan una realidad preocupante: la temporada de lluvias vuelve a poner a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades y la fragilidad de la infraestructura pública.
Los pronósticos advierten precipitaciones importantes en distintas zonas de la entidad, principalmente en la Sierra Sur, Sierra Norte, Costa, Mixteca, Cuenca del Papaloapan y Valles Centrales. El riesgo no se limita a las lluvias. También existe la posibilidad de deslaves, derrumbes, crecidas de ríos y arroyos, así como afectaciones en caminos y comunidades que históricamente han sido vulnerables durante esta época del año.
Sin embargo, más allá de los fenómenos naturales, la preocupación crece por la falta de acciones preventivas efectivas. Cada temporada de lluvias parece repetir la misma historia: calles inundadas, drenajes colapsados, carreteras dañadas y familias que ven amenazado su patrimonio mientras las autoridades reaccionan cuando la emergencia ya está presente.
En la capital oaxaqueña y municipios conurbados, ciudadanos han denunciado la acumulación de basura en alcantarillas, la falta de mantenimiento en sistemas de drenaje y la escasa atención a puntos considerados de riesgo. Situaciones que, lejos de ser consecuencia exclusiva de la naturaleza, reflejan años de rezago en materia de planeación urbana e infraestructura.
La alerta emitida por Protección Civil debe servir como un llamado de atención tanto para la población como para los gobiernos estatal y municipal. Los especialistas advierten que los efectos de las lluvias pueden agravarse debido a la deforestación, el crecimiento desordenado de asentamientos humanos y la falta de obras preventivas en zonas vulnerables.
Mientras el gobierno estatal encabezado por Salomón Jara asegura mantener monitoreo permanente de las condiciones meteorológicas, ciudadanos esperan que la vigilancia se traduzca en acciones concretas y no únicamente en comunicados oficiales. La experiencia demuestra que cuando las lluvias golpean con fuerza, quienes terminan pagando las consecuencias son las familias que habitan en las zonas más expuestas.
Oaxaca entra nuevamente a una temporada de alto riesgo. La pregunta es si las autoridades aprendieron de las emergencias del pasado o si, una vez más, la prevención quedará relegada y la respuesta llegará cuando los daños ya sean inevitables.









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