Por Said Angulo
Cada temporada de lluvias parece contar la misma historia en Oaxaca. Carreteras colapsadas, comunidades incomunicadas, derrumbes, inundaciones y familias en riesgo vuelven a convertirse en la postal de un estado que, pese a los discursos oficiales sobre desarrollo y transformación, sigue mostrando una preocupante vulnerabilidad ante los fenómenos naturales.
Las autoridades han emitido alertas por lluvias intensas en diversas regiones del estado, particularmente en la Costa, el Istmo de Tehuantepec, la Cuenca del Papaloapan y las zonas serranas. Sin embargo, para miles de ciudadanos la preocupación no radica únicamente en la fuerza de las precipitaciones, sino en la falta de infraestructura y prevención para enfrentar una situación que año con año se repite.
Los deslaves y derrumbes vuelven a amenazar caminos y carreteras estratégicas. Las inundaciones ponen en riesgo viviendas, cultivos y patrimonio familiar. Mientras tanto, cientos de comunidades permanecen pendientes de que un nuevo temporal no las deje aisladas del resto del estado.
La pregunta es inevitable: ¿qué se ha hecho durante los últimos años para evitar que Oaxaca siga enfrentando las mismas emergencias?
Cada temporada se anuncian inversiones millonarias en infraestructura, mantenimiento carretero y obras de mitigación. Sin embargo, basta una lluvia intensa para que afloren las deficiencias. Taludes inestables, carreteras deterioradas, sistemas de drenaje insuficientes y caminos rurales abandonados evidencian que la prevención sigue siendo una asignatura pendiente.
La situación resulta aún más grave en regiones históricamente marginadas, donde una carretera bloqueada puede significar la interrupción de servicios médicos, el desabasto de alimentos o la imposibilidad de trasladar productos al mercado.
Mientras los gobiernos reaccionan con comunicados y alertas, miles de oaxaqueños enfrentan una realidad más dura: la incertidumbre de no saber si podrán llegar a sus hogares, si sus comunidades quedarán incomunicadas o si las lluvias volverán a destruir el patrimonio construido durante años de esfuerzo.
La naturaleza hace su trabajo. Las lluvias llegan cada año y forman parte de los ciclos climáticos conocidos. Lo que no debería repetirse es la incapacidad gubernamental para anticipar los daños y reducir los riesgos.
Porque cuando una carretera colapsa, cuando una comunidad queda aislada o cuando una familia pierde su vivienda, el problema ya no es solamente la lluvia.
Es el costo del abandono.
Y en Oaxaca, lamentablemente, ese costo sigue siendo demasiado alto.









Deja una respuesta