Entre el estruendo de los aplausos, las vestimentas multicolores y los sonidos de las bandas tradicionales, la Guelaguetza vespertina cerró con una explosión de energía y cultura. Cierran con bailes tradicionales que desbordan el sabor, el color y el orgullo de Oaxaca, dejando claro que, pese a las fallas institucionales, el pueblo y sus raíces mantienen viva la fiesta.
La presentación de delegaciones de todas las regiones reafirmó que la cultura es más fuerte que la burocracia. Desde la Danza de la Pluma hasta la icónica Danza de la Piña, el auditorio vibró con cada paso, cada falda ondeando, cada grito de identidad. Fue un cierre que no necesita discursos oficiales: la Guelaguetza cierra con danzas que encienden el alma y el corazón de Oaxaca.
Pero el brillo no borra los errores. Las críticas por desorganización, la exclusión de comerciantes locales y el descontento social siguen presentes. Mientras Saymi Pineda y su Secretaría de Turismo se cuelgan las medallas, el verdadero reconocimiento se lo lleva la gente, los pueblos y sus danzantes: ellos sí cumplieron.
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Gabriel Acevedo
Fotos Isabel Oropeza Palma

Las delegaciones lo dieron todo en el escenario, a pesar del caos organizativo.










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