Matanza a la hora de la cena 🍗🔫
Por / Gabriel Acevedo
La rutina de una familia se convirtió en tragedia la noche del jueves en Córdoba, Veracruz. Eran las 7:30 de la noche cuando el inconfundible olor a pollo frito del KFC de la avenida 11 con calle 10 se mezcló con la pólvora y los gritos.
Saúl Ríos Reyes, director de Seguridad Pública de Cosolapa, Oaxaca, acababa de sentarse a cenar con los suyos. No hubo tiempo para sobremesa ni para conversación: un comando armado irrumpió en el restaurante, fue directo a su mesa y lo ejecutó sin miramientos. Frente a su esposa, frente a su familia.
El estruendo de las balas partió la calma del local. Clientes y empleados se arrastraron debajo de las mesas, otros corrieron despavoridos hacia las puertas de emergencia. El caos fue inmediato: charolas tiradas, vasos rotos, niños llorando y un cuerpo desplomado sobre la mesa todavía con restos de comida.
Los sicarios sabían a quién buscaban. No hubo titubeos, no dispararon al aire: fueron directo a Ríos Reyes y lo dejaron muerto en el acto. Un asesinato calculado, limpio y brutal.
La Cruz Roja llegó demasiado tarde: nada pudieron hacer más que confirmar el deceso. Policías municipales y estatales rodearon el área, mientras peritos recogían casquillos de armas cortas y largas que quedaron regados en el piso encharcado.
El restaurante, que horas antes era punto de encuentro familiar, terminó convertido en escenario de crimen. Cinta amarilla, cámaras forenses, flashes de teléfonos y miradas incrédulas de quienes no entienden cómo en México hasta una cena en familia puede terminar en balacera.
La Fiscalía de Veracruz ya abrió una carpeta por homicidio doloso. Revisan videos de seguridad del KFC, de comercios cercanos y del C4. Buscan a los asesinos, pero hasta ahora, no hay un solo detenido.
Otra ejecución más, otro mensaje de terror en un país donde la muerte se sienta a la mesa sin ser invitada.
