Gabriel Acevedo
Las organizaciones criminales en México han comenzado a fortalecer operaciones marítimas que conectan rutas entre Sudamérica, Centroamérica y el Pacífico mexicano, dejando al descubierto una estructura cada vez más sofisticada y difícil de contener. Embarcaciones rápidas, puertos vulnerables y zonas costeras poco vigiladas se han convertido en piezas clave para el traslado de droga, armas y recursos ilícitos que alimentan el poder económico de los cárteles.
Autoridades internacionales han detectado un incremento en decomisos y movimientos sospechosos en aguas cercanas a las costas mexicanas, mientras grupos criminales aprovechan la corrupción, la falta de vigilancia y la debilidad institucional para expandir su control. El problema ya no se limita a las carreteras o ciudades fronterizas; ahora el crimen organizado domina corredores marítimos estratégicos que representan millones de dólares en operaciones ilegales.
La creciente presencia del narcotráfico en rutas marítimas también refleja el nivel de capacidad logística alcanzado por estas organizaciones, capaces de operar como auténticas estructuras empresariales del crimen. Mientras los gobiernos anuncian operativos y discursos de combate, la percepción ciudadana sigue siendo la misma: el narco continúa avanzando más rápido que las instituciones encargadas de detenerlo.











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