Gabriel Acevedo
México volvió a amanecer atrapado entre bloqueos, caos vial y carreteras paralizadas. Este viernes, diversas autopistas y vías federales registraron cierres, circulación intermitente y kilométricas filas provocadas tanto por manifestaciones sociales como por accidentes y falta de capacidad operativa del gobierno para garantizar el libre tránsito.
Mientras millones de ciudadanos intentan trabajar, viajar o mover mercancías, el país se encuentra rehén de protestas que han convertido las carreteras en instrumentos de presión política. CAPUFE confirmó afectaciones en rutas estratégicas de Veracruz, Puebla, Oaxaca, Estado de México, Colima y la zona centro del país.
La situación exhibe una realidad cada vez más preocupante: en México ya no basta con pagar casetas, impuestos y gasolina; ahora también hay que soportar bloqueos permanentes, chantajes políticos y autoridades incapaces de imponer orden.
En Oaxaca, la autopista Barranca Larga–Ventanilla volvió a registrar afectaciones severas, generando caos rumbo a Puerto Escondido en plena temporada turística. En la México-Toluca, accidentes y cierre total paralizaron durante horas una de las rutas más importantes del país. La México-Querétaro también presentó protestas y paso condicionado.
El problema ya no es aislado: se ha normalizado que cualquier grupo cierre carreteras federales mientras el gobierno federal reacciona tarde, negocia bajo presión o simplemente observa cómo colapsa la movilidad nacional.
La afectación económica es enorme. Transportistas pierden horas de operación, turistas cancelan viajes, mercancías llegan tarde y miles de familias quedan atrapadas sin alternativas. Sin embargo, para las autoridades, los bloqueos parecen haberse convertido en parte “normal” del paisaje nacional.
La incapacidad institucional también golpea la percepción internacional de México. A semanas del Mundial 2026, el país proyecta una imagen de improvisación, desorden y fragilidad en infraestructura estratégica. Un país donde cualquier carretera puede cerrarse de un momento a otro difícilmente puede presumirse como potencia logística o destino confiable.
La crisis carretera no solo refleja conflictos sociales: refleja un Estado debilitado, rebasado y condicionado por grupos que descubrieron que bloquear autopistas es más efectivo que respetar la ley.











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