*Entre campamentos, bloqueos y presión política, la CNTE vuelve a colocar al gobierno federal contra las cuerdas.
Opinión de Vicente Gálvez
Entre lonas, casas de campaña, olor a orines y a café soluble, la avanzada de la Sección XXII de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) mantiene tomada la Avenida 5 de Mayo en el Centro Histórico de la Ciudad de México en espera de la decisión de su dirigencia para avanzar hacia el Zócalo capitalino o estallar una paro nacional el próximo lunes primero de junio.
En su Palacio, la presidenta Claudia Sheinbaum se decanta por el Monumento a la Revolución en donde hará una asamblea pública, al estilo de su mentor, para “celebrar” los dos años de su triunfo en las elecciones y, lo más importante, dar una imagen de fortaleza ante la abolladura que ha significado la acusación al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y 9 personas más, de vínculos con el narcotráfico por parte de la Justicia de Estados Unidos.
El choque es inminente, pero no injustificado y menos sorpresivo.
La CNTE, aunque impresentable, en esta ocasión tiene parcialmente la razón. Sus demandas de aumento salarial al 100%, abrogación de la reforma a la Ley del ISSSTE de 2007 y el regreso de pensiones públicas solidarias calculadas en salarios mínimos, son promesas que la entonces candidata Sheinbaum les hizo cuando buscaba el voto corporativo de la disidencia magisterial.
En su Palacio, la presidenta Claudia Sheinbaum se decanta por el Monumento a la Revolución en donde hará una asamblea pública, al estilo de su mentor, para “celebrar” los dos años de su triunfo en las elecciones y, lo más importante, dar una imagen de fortaleza ante la abolladura que ha significado la acusación al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y 9 personas más, de vínculos con el narcotráfico por parte de la Justicia de Estados Unidos.
El choque es inminente, pero no injustificado y menos sorpresivo.
La CNTE, aunque impresentable, en esta ocasión tiene parcialmente la razón. Sus demandas de aumento salarial al 100%, abrogación de la reforma a la Ley del ISSSTE de 2007 y el regreso de pensiones públicas solidarias calculadas en salarios mínimos, son promesas que la entonces candidata Sheinbaum les hizo cuando buscaba el voto corporativo de la disidencia magisterial.
La ironía es que ahora Sheinbaum es víctima de una Coordinadora que estaba a punto de la extinción, pero que por razones político-electorales la 4T decidió revivir hace 8 años.
Con la reforma educativa de Enrique Peña Nieto en el 2013, la nómina magisterial regresó al gobierno federal, su supervisión y dispersión dejó de estar en manos del sindicato y por lo tanto de la CNTE en los estados en los que esta es mayoría. Se creó el Servicio Profesional Docente para el ingreso, promoción y permanencia de los maestros; las plazas dejaron de ser automáticas y heredables, otras de las prerrogativas que utilizaba la Coordinadora para controlar a los docentes. La estocada final fue la evaluación periódica de los profesores, descuentos por inasistencias y fin a los “aviadores”.
Pero esas medidas que por primera vez pusieron un alto a la CNTE, desde 1979 cuando iniciaron su crecimiento y que le retiraron de golpe la capacidad de movilización y chantaje, se convirtieron en una de las banderas del sempiterno candidato López Obrador que marchó codo con codo con las secciones a quien les prometió revertir la reforma para regresarles todos los privilegios y fueros con los que contaban a cambio de su voto, operación y coacción de agremiados y familiares el día de la jornada electoral.








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