DESPUÉS “D”… del Istmo en llamas al jet privado

*La realidad es incómoda para el gobierno de Salomón Jara

Por Gabriel Acevedo

El Istmo de Tehuantepec atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. Municipios estratégicos para el desarrollo económico del estado han sido escenario recurrente de ejecuciones, enfrentamientos armados, bloqueos, disputas territoriales y una creciente percepción de inseguridad entre la población. Mientras el gobierno estatal insiste en discursos sobre construcción de paz y gobernabilidad, los hechos muestran una región donde la tranquilidad sigue siendo una promesa pendiente.

La realidad es incómoda para el gobierno de Salomón Jara. A pesar de los anuncios, mesas de seguridad, operativos y conferencias de prensa, los problemas persisten. El Istmo continúa enviando señales preocupantes sobre la capacidad institucional para contener la violencia y garantizar condiciones mínimas de estabilidad. En esa tarea, uno de los principales responsables políticos es el secretario de Gobierno, Jesús Romero López, operador central de una estrategia que hasta ahora ofrece más discursos que resultados visibles para la ciudadanía.

Y es precisamente en medio de esa crisis donde aparece una imagen que explica mucho de lo que hoy molesta a los oaxaqueños.

Mientras comunidades enteras padecen carreteras inseguras, conflictos sociales y una gobernabilidad frágil, el secretario de Gobierno fue exhibido abordando una aeronave privada con matrícula XB-MHV, propiedad de una empresa particular. Las fotografías detonaron una polémica inmediata porque chocan de frente con el discurso de austeridad que Morena ha convertido en bandera política.

Jesús Romero reconoció el uso de la aeronave. Explicó que el traslado se realizó para atender asuntos relacionados con el Plan Juchitán para la Construcción de Paz y temas de gobernabilidad en el Istmo y la Costa. También aseguró que los gastos fueron cubiertos con recursos personales y negó cualquier conflicto de interés con los propietarios de la empresa dueña del avión.

Pero el problema político no radica únicamente en quién pagó el vuelo.

El verdadero problema es el mensaje.

Porque mientras miles de ciudadanos recorren carreteras deterioradas, mientras empresarios enfrentan bloqueos, mientras comunidades viven con miedo por la inseguridad y mientras el propio gobierno presume cercanía con el pueblo, uno de los hombres más poderosos del gabinete aparece trasladándose en una aeronave privada para cumplir una agenda oficial.

La pregunta que sigue sin responderse de manera contundente no es si el vuelo fue legal.

La pregunta es si fue congruente.

La Cuarta Transformación construyó buena parte de su narrativa política sobre la crítica a los privilegios del poder. Sobre la cercanía con la gente. Sobre la austeridad republicana. Sobre la idea de que los funcionarios debían vivir bajo los mismos principios que exigían a los ciudadanos.

Por eso las imágenes causaron tanto ruido.

Porque cuando el discurso habla de austeridad y las fotografías muestran otra cosa, la credibilidad comienza a despegar más rápido que cualquier avioneta.

Jesús Romero asegura que pagó el viaje de su bolsillo. Está en su derecho de afirmarlo. Sin embargo, la polémica no desaparecerá mientras no exista una explicación suficientemente transparente que despeje todas las dudas que hoy existen alrededor del caso.

En política, las percepciones importan.

Y en Oaxaca la percepción que hoy crece es que el gobierno exige sacrificios a los ciudadanos mientras algunos funcionarios parecen vivir una realidad distinta.

El Istmo sigue esperando resultados.

La inseguridad sigue esperando soluciones.

Y los oaxaqueños siguen esperando que quienes gobiernan dediquen más tiempo a resolver los problemas del estado que a justificar las fotografías que ellos mismos provocan.

Porque al final, la turbulencia no está en el cielo.

La turbulencia está en el gobierno.

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