Por / Gabriel Acevedo
Entre cifras millonarias y discursos triunfalistas, el gobernador Salomón Jara Cruz en conferencia de prensa, presume haber invertido más de 16 mil millones de pesos en infraestructura entre 2023 y 2025. Una suma que, de ser cierta, debería haber transformado hasta el último rincón del estado. Pero la realidad es otra: Oaxaca sigue hundida en el rezago, la pobreza y el abandono, con caminos destrozados, hospitales sin médicos y comunidades que no ven ni una piedra de esas miles de “obras” que el mandatario pregona.
El gobernador asegura que la “transformación avanza a paso firme”, que se ejecutan casi 5 mil obras y que el presupuesto histórico coloca a Oaxaca como líder del sur-sureste. Sin embargo, no hay registro público claro, ni transparencia en la asignación de contratos, ni evidencia tangible que respalde ese derroche de cifras. En muchos municipios, los propios pobladores aseguran que los proyectos no existen o están inconclusos, mientras el gobierno llena las redes y los medios afines con propaganda que raya en lo grotesco.
De esos miles de millones, Jara Cruz presume haber destinado 2 mil 614 millones a caminos, 958 millones a monumentos históricos, 912 millones al agua potable, mil 209 millones a educación, y 585 millones a salud. Pero basta recorrer las carreteras de la Mixteca, el Istmo o la Sierra Sur para ver la verdad: baches, obras abandonadas, y comunidades que siguen cargando cubetas de agua como hace 50 años. Si esos recursos realmente se aplicaron, ¿dónde está la transformación? ¿Dónde están las obras terminadas? ¿Dónde están los empleos prometidos?
La estrategia del gobernador es clara: usar la infraestructura como bandera política. Bajo el disfraz de la “planeación regional”, controla el presupuesto desde la cúpula, decide qué municipios reciben atención y cuáles son castigados por no alinearse con el régimen. Lo que Salomón Jara llama “nuevo esquema de desarrollo”, no es más que la vieja práctica del control político disfrazado de bienestar.
Mientras tanto, las comunidades siguen esperando hospitales que nunca se construyeron, aulas que siguen siendo de lámina y caminos que se convierten en lodazales cada temporada de lluvia. Los números del gobernador suenan más a discurso de campaña que a rendición de cuentas. Porque si la transformación fuera real, no necesitaría tanta propaganda para convencer al pueblo.
En Oaxaca, la única obra que avanza sin pausa es la de la simulación.

